La factura y la potencia contratada cuando entra la aerotermia

La factura y la potencia contratada cuando entra la aerotermia

La pregunta que ronda a todo el mundo en Bizkaia es cuánto va a salir la cuota mensual. Comparar la factura del gas de enero con la luz de febrero no sirve para nada, porque los ciclos son distintos y las costumbres cambian. Lo único que tiene sentido es mirar el gasto anual total de calefacción y agua caliente sanitaria antes de tocar nada y después, manteniendo la misma casa y los mismos hábitos.

En un bloque de Abando o Indautxu con radiadores puestos, las propuestas que manejan las empresas instaladoras de la provincia arrancan en el entorno de 5.500 a 8.000 euros, siempre orientativos y sujetos a visita técnica. Ese número final depende de dónde quepa la unidad exterior sin recircular aire viciado en un patio de luces estrecho y de si hay que ampliar elementos en el salón por la orientación norte. Sin esa foto concreta, cualquier cifra es humo.

De metros cúbicos de gas a kilovatios hora: cómo se compara de verdad

La factura de gas llega en metros cúbicos y la de electricidad en kilovatios hora, así que comparar los números sueltos no sirve. Lo que interesa es cuánta energía útil entra realmente en la vivienda después del equipo. Ahí marca la diferencia el rendimiento. Una caldera mural, por muy moderna que sea, nunca entrega más calor que la energía química que quema: tiene un techo físico en su eficiencia.

En cambio, una bomba de calor aire-agua mueve calor del exterior al interior. En inviernos oceánicos como el de Getxo o Santurtzi, con muchas horas entre cinco y doce grados, ese intercambio es muy favorable. El aparato consume electricidad para mover el compresor, pero entrega bastante más calor que esa electricidad consumida. Por eso, en pisos de Abando o Indautxu donde las heladas son escasas, el sistema aprovecha bien el ambiente templado para trabajar con bajo consumo eléctrico.

Por qué el gasto anual dice más que la factura de un mes

Una factura de enero en un piso de Abando no sirve para comparar. Si esa semana hubo sirimiri continuo o si el vecino del quinto dejó la ventana abierta, el consumo se dispara por factores que nada tienen que ver con el equipo. Además, las tarifas eléctricas cambian según la hora y la estación, lo que distorsiona la lectura puntual. Para saber qué gasta realmente una vivienda, hay que mirar doce meses completos, manteniendo los mismos hábitos y la misma superficie calefactada. Así se elimina el ruido del azar meteorológico y se ve la tendencia real.

Un presupuesto serio no debe basarse en suposiciones mensuales, sino en una estimación anual clara. Aquí, con un invierno oceánico que pasa muchas horas entre cinco y doce grados, la máquina aire-agua trabaja casi siempre en la franja donde mejor rinde. Las empresas instaladoras de Bizkaia deben explicar de dónde sale ese cálculo: si es un bloque de los años setenta con radiadores de hierro fundido o un caserío en Durango con más inercia térmica. Sin ese desglose anual, cualquier cifra es solo humo.

La potencia contratada: cuándo hay que subirla y cuándo no

La aerotermia consume electricidad, así que es normal preguntarse si toca subir la potencia contratada. No es un trámite automático: depende de qué equipo se elija y de cómo arranque. Si en casa ya hay hornos grandes o acumuladores, quizá haga falta revisar los kilovatios, pero en muchos pisos con radiadores de toda la vida el consumo del compresor no dispara la factura eléctrica por sí solo. Las empresas instaladoras de Bizkaia evalúan esto según las cargas reales de cada vivienda antes de confirmar si hay que cambiar la tarifa.

Donde suele haber más trabajo previo es en el cuadro eléctrico, especialmente en bloques levantados entre los años cincuenta y setenta, como los de Abando o San Ignacio. A menudo faltan diferenciales modernos o la sección de los cables no aguanta el nuevo circuito. Ese arreglo requiere boletín eléctrico, algo que entra en el presupuesto junto con la puesta en marcha. Antes de firmar nada, conviene preguntar a quien monte el equipo si ve necesario tocar la instalación interior o si basta con ajustar los horarios para evitar picos simultáneos.

Tarifa eléctrica y horas de funcionamiento del equipo

Una bomba de calor aire-agua no arranca y se apaga a golpes como hacía la caldera mural en la cocina. Funciona de manera más continua, modulando su potencia según lo que piden los radiadores de hierro fundido o el suelo radiante. Ese cambio altera por completo cuándo consume energía durante el día. Ya no son picos bruscos al encender el gas, sino un flujo constante que toca mantener durante horas, especialmente en inviernos oceánicos donde las temperaturas se mueven entre cinco y doce grados.

Por eso conviene revisar la tarifa eléctrica contratada justo cuando se planifica la instalación. Dejar ese trámite para después es una causa habitual de decepción con la primera factura. Si el equipo trabaja muchas horas a bajo consumo pero la tarifa no contempla esa curva diaria, el ahorro real se diluye. Las empresas instaladoras de Bizkaia recomiendan analizar estos detalles antes de presupuestar, porque el precio orientativo de 5.500 a 8.000 euros para un piso con emisores puestos no incluye ajustes tarifarios posteriores. En un bloque de Abando o Indautxu, entender este reparto horario evita sorpresas cuando llega el primer recibo.

Qué debe incluir la estimación de consumo de un presupuesto

Cuando recibas varias propuestas, fíjate en los números que acompañan al precio. Una estimación seria especifica sobre qué superficie útil se ha calculado la carga térmica, porque no es lo mismo un piso de setenta metros en Indautxu con muros gruesos que uno nuevo y aislado. También debe indicar a qué temperatura interior quieres vivir (consigna) y, muy importante, a qué temperatura sale el agua del equipo hacia los radiadores o el suelo radiante (impulsión). El rendimiento medio supuesto para el invierno oceánico de Bizkaia tiene que estar escrito, igual que la demanda diaria de agua caliente sanitaria.

Sin esos supuestos por escrito, dos ofertas que parecen similares pueden ocultar cálculos radicalmente distintos. Si una empresa asume impulsión alta para unos radiadores viejos y otra trabaja con temperaturas bajas para suelo radiante, sus cifras de consumo no son comparables. Exige ver los datos concretos: sin ellos, solo estás comparando precios finales sin saber qué te venden realmente ni si el sistema rendirá bien en tu patio de luces o bajo la niebla frecuente de Getxo.

Los dos errores más comunes al comparar antes y después

El primer fallo al mirar las facturas es comparar meses de años distintos. Un enero húmedo y gris no tiene nada que ver con un febrero soleado, aunque ambos sean invierno. En el Duranguesado, por ejemplo, las madrugadas despejadas traen heladas reales que exigen más potencia, mientras que en la costa el salto térmico es menor. Comparar sin aislar estas variables meteorológicas lleva a conclusiones falsas sobre el consumo real del nuevo sistema.

El segundo error ignora el cambio de hábitos. Casi todo el mundo sube la consigna al tener un equipo moderno: antes se vivía con el salón frío y ahora se busca confort uniforme. Es normal y positivo, pero altera la cuenta. No vale decir «antes gastaba menos» si antes pasabas frío y ahora disfrutas de una temperatura estable. Hay que registrar ese ajuste para entender dónde está el ahorro y dónde el gasto extra por calidad de vida.

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