
Es la escena habitual en Bilbao: un piso de bloque con caldera mural de gas y radiadores puestos hace décadas. Cuando el técnico recomienda sustituir el equipo, muchos vecinos temen una obra larga que levante suelos o altere la vivienda. Pero cambiar la caldera por aerotermia no obliga a rehacer la casa. Antes de presupuestar, hay que resolver otra cosa: dónde cabe la unidad exterior y cómo respira. En patios de luces estrechos o galerías cerradas, el aire puede recircularse y bajar el rendimiento si no se coloca bien.
Lo que más sorprende es ver qué piezas se conservan. Los radiadores de hierro fundido, grandes y pesados, siguen dando servicio trabajando a temperaturas moderadas, así que no suelen tocarse. Se retiran la caldera y su salida de humos; en su hueco entra el nuevo acumulador. Lo que cambia es el interior hidráulico y la instalación eléctrica. No es necesario demoler para mejorar el confort en un invierno oceánico donde las heladas son escasas en la costa.
Qué se conserva y qué se sustituye al dejar la caldera mural
Al sustituir la caldera mural de gas, lo que sale del piso es el propio aparato y su salida de humos. En muchos casos también se retira el termo eléctrico auxiliar si existe, ya que queda obsoleto. Sin embargo, si el cálculo técnico lo permite, se conserva casi todo lo demás: el circuito de tuberías existente y buena parte de los radiadores, especialmente esos pesados elementos de hierro fundido o chapa instalados hace décadas en los bloques de la ría. No hace falta picar paredes ni cambiar emisores en todos los cuartos, lo que ahorra tiempo y molestias vecinales.
Lo nuevo son tres piezas clave: la unidad exterior, el hidrokit interior y un acumulador para el agua caliente sanitaria. Aquí está la ventaja práctica para quien vive en Abando o Indautxu con poco espacio de cocina: el hueco que deja la antigua caldera suele tener las dimensiones justas para alojar el depósito de acumulación. Así, la vivienda no pierde metros útiles y la instalación se integra sin invadir zonas comunes, aprovechando una distribución ya conocida en la mayoría de portales bizkainos.
El cálculo de carga térmica, estancia por estancia
Calcular la potencia necesaria por metros cuadrados totales es un error habitual que infla o deja corta la instalación. Dos pisos gemelos en el mismo portal de Indautxu, uno orientado al sur y otro al norte con patio de luces interior, demandan rendimientos distintos porque el frío entra de forma desigual. La orientación define cuántas horas de sol recibe la fachada, mientras que la posición dentro del bloque determina si hay vecinos arriba y abajo que actúan como aislamiento natural o si la vivienda queda expuesta a las inclemencias del noroeste en la costa de Getxo.
En cada estancia se mira la superficie real, el tipo de ventana y si da a calle o a patio. Un salón con galería acristalada en Santurtzi no tiene la misma carga térmica que una habitación con muros gruesos de mampostería en un caserío del Duranguesado. Este desglose pormenorizado es lo que separa un presupuesto serio de una estimación hecha por teléfono sin ver el inmueble.
Solo quien realiza la visita técnica puede recoger estos datos concretos para dimensionar correctamente los emisores. Las empresas instaladoras de Bizkaia necesitan esa información previa para ajustar el equipo a la realidad del edificio, evitando sobrecostes innecesarios o zonas frías durante el invierno oceánico.
La temperatura de impulsión: el número que decide el resto
La temperatura a la que sale el agua de la bomba de calor es el dato que manda. Cuanto más baja sea esa cifra, mejor trabaja el equipo y menos electricidad consume para entregar el mismo calor. Por eso, lo primero que hace una empresa instaladora de Bizkaia antes de presupuestar no es mirar marcas, sino calcular exactamente qué grados necesita tu casa para estar cómoda. Ese número decide si los radiadores de hierro fundido que llevan puestos desde los años setenta en un piso de Abando van a servir tal cual, o si habrá que ampliar elementos en el salón y en las habitaciones que dan al norte.
Sin ese cálculo previo, comparar dos ofertas resulta imposible. Una instalación puede parecer barata porque deja los emisores antiguos sin tocar, pero si el agua circula muy caliente para compensar la falta de superficie, el rendimiento se desploma. En cambio, un presupuesto mayor que incluye suelo radiante o más radiadores suele significar trabajar con agua templada, algo clave en nuestra costa oceánica donde el invierno es suave pero largo. El proyecto serio empieza definiendo esta variable hidráulica; todo lo demás, desde el tamaño de la unidad exterior hasta la factura eléctrica, depende de ese punto de partida técnico.
Dónde va el acumulador de agua caliente sanitaria en una cocina de ensanche
El mayor obstáculo al retirar la caldera mural de gas en un piso del Ensanche no es técnico, sino logístico. El acumulador de agua caliente sanitaria ocupa bastante más volumen que el aparato viejo, y esa diferencia se nota cuando el hueco original queda pequeño. En Abando o Indautxu, donde los techos son altos pero las cocinas estrechas, suele ser necesario mirar otras ubicaciones. Las salidas habituales pasan por aprovechar el espacio que deja el antiguo termo eléctrico si existía, reubicar el depósito en el tendedero acristalado o buscar sitio en un armario del pasillo contiguo a la cocina.
La dimensión del tanque no depende de los metros cuadrados del piso, sino del número de personas que viven en la casa y de sus horarios de ducha. Una pareja con hábitos concentrados necesita menos litros que una familia de cuatro en Santutxu que se baña en turnos largos. Antes de decidir dónde colocar el equipo, conviene medir bien los accesos y verificar si el suelo aguanta la carga. Las empresas instaladoras de Bizkaia visitan la vivienda para confirmar si cabe en esos sitios alternativos o si hay que replantear la distribución hidráulica, evitando así sorpresas durante la obra.
El cuadro eléctrico y la potencia contratada en edificios antiguos
La aerotermia se alimenta de electricidad, y aquí es donde muchos pisos construidos entre los años cincuenta y setenta muestran sus costuras. En un cuarto piso de Rekalde o en una vivienda del Casco Viejo de Bilbao, el cuadro eléctrico original suele estar dimensionado para cargas que no tenían nada que ver con una bomba de calor aire-agua. Adecuar ese cuadro y revisar la potencia contratada es una de las sorpresas más frecuentes durante la instalación. Si la eléctrica exige subir la potencia, eso tiene su coste en el recibo mensual; si el cuadro está obsoleto, hay que cambiarlo.
Que esta adaptación aparezca reflejada desde el principio en el presupuesto evita disgustos posteriores. Las empresas instaladoras de Bizkaia tienen claro que tocar el cuadro obliga a emitir un boletín eléctrico nuevo, documento imprescindible para que la compañía homologuice la mejora. No es un trámite opcional: sin ese papel, la instalación no cumple normativa. Por eso, cuando alguien pide varias propuestas comparables, conviene fijarse en si incluyen explícitamente el precio de la adecuación eléctrica y del certificado, porque dos ofertas parecidas pueden diferir precisamente en qué llevan dentro respecto al cuadro y a la potencia necesaria para que el equipo rinda como debe.
Qué pasa con la calefacción mientras dura el cambio
La pregunta que asalta en plena cuesta de enero es inevitable: ¿me quedo a oscuras y sin agua caliente mientras cambian la caldera? La respuesta práctica es sí, porque al retirar la instalación antigua y conectar los nuevos circuitos hidráulicos se interrumpe el servicio. Por eso, si el estado del equipo actual lo permite, conviene planificar el proyecto fuera de los meses de mayor exigencia térmica. En un bloque de los años sesenta en San Ignacio o un piso de Deusto, esperar a la primavera evita pasar frío durante las horas críticas de montaje.
No obstante, no hace falta aguantar semanas de incertidumbre. El corte puede acotarse mucho si se acuerda previamente con la empresa instaladora qué parte del trabajo se ejecuta antes de desconectar nada. Preparar el emplazamiento de la unidad exterior, verificar la adecuación del cuadro eléctrico y tener listo el hueco para el acumulador de agua sanitaria son tareas que pueden resolverse días antes. Así, el tiempo real sin calefacción se limita estrictamente a la conexión final, una gestión clave para que la transición sea llevadera en cualquier vivienda de la ría.